El Cristo de Medinaceli y la Virgen de los Dolores recorren las calles de la ciudad en una cita marcada por la emoción, la fe y la convivencia cultural
Ceuta volvió a vivir este sábado una de sus tradiciones más queridas y emotivas: el traslado de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado (Medinaceli) y Nuestra Señora de los Dolores desde la Iglesia de San Ildefonso, en la barriada del Príncipe, hasta su Casa de Hermandad en las Puertas del Campo. Una cita que, una vez más, congregó a miles de ceutíes entre la devoción, la emoción y el sentimiento de comunidad.

Como ya es habitual, la procesión se adelantó una semana al Domingo de Ramos, sin restar un ápice de fervor a los fieles que, desde primeras horas de la tarde, acompañaron el recorrido por las calles de la ciudad. Entre los momentos más destacados de la jornada, sobresale el acto de la liberación del preso, celebrado por segundo año consecutivo en el acuartelamiento González Tablas, sede del Grupo de Regulares 54.
En esta ocasión, el beneficiario ha sido un joven de 36 años, condenado por un delito contra la salud pública, cuya puesta en libertad definitiva está prevista para el 4 de junio de 2026. Su buen comportamiento y participación activa en los programas de reinserción han sido claves para la concesión de esta medida de gracia, que confiere al acto un profundo valor simbólico de redención y esperanza.

Durante el traslado, las imágenes del Cristo de Medinaceli y de la Virgen de los Dolores cruzaron diferentes barriadas de la ciudad, entre ellas Los Rosales, Hadú y Manzanera, recibiendo el cariño de vecinos que salieron a su encuentro con gestos de fe: muchos caminaron descalzos, otros portaron cruces o vendaban sus ojos, en cumplimiento de promesas personales.
Uno de los puntos más significativos del recorrido fue el paso por la calle San Daniel, en una zona mayoritariamente musulmana, donde la presencia del Cristo se convirtió en un gesto de unidad. Vecinos de todas las confesiones se asomaron a balcones y ventanas para contemplar el paso del cortejo, en una escena que refleja la convivencia multicultural que define a Ceuta.

El evento contó también con la presencia de representantes institucionales, como el presidente de la Ciudad, Juan Vivas; la delegada del Gobierno, Cristina Pérez; así como miembros de la Comandancia General de Ceuta. La seguridad estuvo garantizada en todo momento mediante un amplio despliegue policial ante la gran afluencia de público.
El traslado culminó al caer la tarde en la Casa de Hermandad de la Cofradía, en la Avenida de España, donde las imágenes permanecerán hasta el Lunes Santo, día en que volverán a procesionar por las calles de la ciudad.

Ceuta ha demostrado una vez más que el Medinaceli no es solo una tradición religiosa, sino un símbolo profundo de fe, unidad y esperanza. Una celebración viva que, año tras año, une a generaciones enteras en torno a un sentimiento compartido que trasciende credos y fronteras.