Estados Unidos se enfrenta a una crisis presupuestaria que pone en jaque las promesas económicas de Donald Trump. La administración republicana lucha contra el reloj para cumplir con su compromiso de reducir impuestos antes de que termine el año, pero la falta de fondos en las arcas del gobierno complica la tarea.
El déficit fiscal de Estados Unidos ha alcanzado niveles alarmantes, limitando el margen de maniobra de la Casa Blanca. La reducción de impuestos, una de las principales promesas de Trump en su campaña, choca con la realidad de un presupuesto en números rojos. La única herramienta viable que le queda al gobierno para generar ingresos son los aranceles, una estrategia que ya ha generado tensión con socios comerciales clave.
Los economistas advierten que los aranceles pueden ser un arma de doble filo: si bien generan ingresos adicionales en el corto plazo, también pueden provocar represalias comerciales y afectar negativamente a la economía. La incertidumbre en los mercados y la presión política aumentan mientras el tiempo se agota para que la administración de Trump logre cumplir su promesa fiscal.
Con un Congreso dividido y una creciente preocupación sobre el impacto económico de las políticas arancelarias, la Casa Blanca enfrenta una de sus mayores pruebas financieras. La pregunta es: ¿hasta dónde está dispuesta a llegar la administración de Trump para salvar su plan económico?
